Por: Diana M. Cota Bojórquez
El artículo presenta una mirada al tema Antropología del Turismo, siendo este el estudiar personas, culturas, lugares y movilidades, para lo cual las etnografías del turismo están especialmente preparadas y llamadas, no solamente para interpretar y comprender sus problemas, como también para intervenir y gestionar mejor el turismo, por medio de estrategias de etnomarketing y planeamiento antropológico del turismo.
Según Garduño (2018), hoy es conocido que la experiencia es uno de los factores de mayor influencia en la decisión de viajar porque los turistas relacionan el desplazamiento turístico con la idea de experimentar vivencias únicas, auténticas y memorables, esto expresa que los viajeros se inclinan por la búsqueda de valores agregados que le confieran un mayor significado al disfrute de su ocio turístico, que supere el cumplimiento de una necesidad fisiológica y de seguridad, pero que las comprende a través de la experiencia turística.
El turista que viaja a un destino turístico no realiza meramente un viaje físico. El verdadero viaje es interior, y radica en cómo percibe el lugar que visita, su gente, y el impacto que dicha percepción subjetiva y personal le produce en función de múltiples factores y condicionantes (Carballo, Moreno, León y Ritchie, 2015).
El turismo es el hecho social de mayor trascendencia en el siglo XX y ello denota que la experiencia de viaje ha sufrido un significativo cambio en los últimos años.
El turismo es un fenómeno que produce cambios culturales significativos, dado que su existencia implica una relación entre territorios alejados, economías distintas e identidades y culturas diferentes. La intensa circulación de poblaciones propiciada por esta industria tiende a romper las fronteras culturales, genera espacios de encuentro e inserta a las personas en redes de relaciones que sobrepasan el espacio local.
Su objetivo es describir de que manera el turismo puede ser entendido como una expresión de la globalización en la medida en que concilia los particularismos culturales con movimientos poblacionales y mercados supranacionales. El objetivo principal es determinar cómo se constituye la imagen del mundo actual y como esta se convierte en una mercancía de intercambio dentro del ámbito del turismo.
La antropología encuentra nuevos actores en rincones del planeta a los que previamente no habían llegado, y esta situación provoca la aparición de nuevos debates y delicadas incomodidades: los antropólogos no solo temen ser confundidos con turistas, sino que identifican el turismo como una experiencia de intercambio que puede aportar beneficios a la comunidad local a través de “prestamos culturales”.
El turismo es un fenómeno que ha irrumpido de forma contundente en las sociedades occidentales, y se le atribuye un efecto negativo en las sociedades receptoras. Y aunque el turismo no es un elemento importante en los procesos de cambio cultural, si constituye un elemento más en el proceso de modernización y materialismo que penetran en las poblaciones receptoras (Smith, 1997).
La antropología proporciona una comprensión del turismo como un vector mediador del espacio, el estilo de vida, las relaciones sociales, la identidad y la memoria colectiva, que crea y reproduce imágenes, recursos, bienes patrimoniales y transforma constantemente economías, políticas y territorios.
El turismo es un vector productor de nuevas realidades cuya presencia nunca es insignificante, ni en la vida de las sociedades emisoras ni al menos en la vida de las sociedades receptoras.
La Antropología del Turismo tiene como objeto de análisis fundamental el encuentro que se produce en la relación de aceptación mutua entre el huésped y el anfitrión, dentro de un espacio antrópico y natural especifico (Lagunas, 2007).
La Antropología del Turismo es una especialización de la antropología que ya tiene su historia y es más antigua de lo que se piensa. Las primeras referencias antropológicas del turismo aparecen en los años 1930 y 1940 por obra del antropólogo Robert Redfield, de la Universidad de Chicago, quien fue de los primeros en observar como el turismo provoca efectos en las culturas nativas y sus festividades locales.
Pero en estas y otras referencias antropológicas, el turismo era una actividad marginal en el análisis antropológico, y no central, como así se convirtió a partir de los años 1970. Uno de los motivos apuntados es porque los antropólogos no querían ser identificados con los turistas, pues generalmente entendían el turismo como algo frívolo y banal, que por otro lado transformaba las comunidades tradicionales que estudiaban los antropólogos, algo que no era del agrado de muchos.
En esa época los enfoques teóricos dominantes fueron los de la aculturación, las teorías de la modernización y del colonialismo. Los conceptos de comunidad y de nativo eran fundamentales en esas etnografías funcionalistas que representaban estudios de comunidades afectadas por el turismo, agente externo y destructivo. Pero ya en los años 1990 el turismo se vuelve un objeto antropológico más central, y las miradas de antropología del turismo fueron cambiando.
Se introdujo el interpretativismo, la reflexividad, la relación, el juego y la mediación entre locales y visitantes. En esa década se empiezan a publicar los primeros manuales académicos de Antropología del Turismo y esta se empezó a enseñar en la universidad a antropólogos y estudiantes de turismo.
Ya en los inicios de nuestro siglo XXI, el subcampo de la antropología del turismo va lentamente consolidándose y los enfoques teórico-metodológicos también cambian (Nogués, 2009).
A partir de la segunda mitad del siglo XX se han desarrollado cada vez más trabajos de antropólogos relacionados con el turismo. Hay una paulatina tendencia en la pertinencia y trascendencia de abordar el turismo desde un punto de vista antropológico.
Las obras clásicas con acercamientos sociológicos y antropológicos al estudio del turismo: Nunez (1963), Boissevain (1964), Costa Pau (1966) son trabajos donde las aportaciones analizaban la llegada de los turistas abordándolos como agentes externos que alteraban las culturas de los territorios donde aparecían.
Las cuestiones que del turismo interesaban a los antropólogos se centran en términos de aculturación, sus agentes y direcciones, o como más popularmente se denominan: los impactos socioculturales del turismo (Santana, 2009; Nogués-Pedregal, 2011).
Hacia la década de los setenta y ochenta emerge la corriente socio-antropológica del turismo, con perspectivas teóricas que abordaban los aspectos humanistas, de alienación y del conflicto en el turismo, siendo en su mayoría estudios con una visión pesimista sobre los impactos negativos del turismo, considerando al turismo como un conjunto de transacciones establecedoras de compromisos entre anfitriones y huéspedes, con consecuencias para ambas partes pero mucho más notable en los primeros (Santana, 2009).
Más de una década después, a través de un análisis diacrónico, gran parte de los antropólogos que colaboraron con Valene Smith en su libro Host and guest: the anthropology of tourism (Smith 1989), revisaron sus trabajos sosteniendo que el turismo no constituye un elemento único en los procesos de cambio cultural, antes bien, se muestra como un vehículo a través del cual las sociedades receptoras entran en contacto con, o ven impulsadas según el caso, formas permisibles de desarrollo económico (Santana, 2009).
En la década de los 90, los enfoques antropológicos sociales mostraron un período caracterizado por intentos de teorizar y sistematizar el fenómeno del turismo a través de sus características y peculiaridades.
Entre los trabajos de aquellos años destacan los textos de Nogués Pedregal (1995) y, muy especialmente, de Santana (1997), que en su libro Antropología y Turismo ¿Nuevas hordas viejas culturas? expone los trabajos antropológicos sobre las consecuencias del turismo en España, con nuevas interpretaciones del papel de la cultura en lo turístico.
Al inicio del siglo XXI el ’apogeo’ de la antropología del turismo forma parte de un interés creciente de las ciencias sociales por cuestiones relacionadas con los elementos del fenómeno turístico, al grado que hoy muchos apuestan por la viabilidad y el acierto de los acercamientos socio-antropológicos a los procesos sociales y culturales en contextos turísticos, destacando trabajos de carácter crítico que son todo un revulsivo a las formas más tradicionales de abordar el turismo desde la antropología: Hernández‑ -Ramírez (2006), Lagunas (2007), Pereiro (2009), Santana (2009).
Por tanto, la Antropología del Turismo profundiza en la relatividad de las perspectivas culturales, de las relaciones recíprocas inherentes al proceso de encuentro entre los actores sociales que intervienen en las actividades turísticas.
Calvo (2001), desde los procesos culturales que dinamizan las sociedades contemporáneas a través del turismo, expone que dicha actividad es generadora de problemas e impactos socioculturales a los que todavía no se les da importancia, ejemplo: la expulsión de la población local, la modificación de la arquitectura patrimonial de la localidad al grado de desarrollar un ritmo de vida sociocultural activado por y para el propio turismo, la generación de experiencias socioculturales privatizadas por la promoción de la actividad turística, conformando una marcada disposición a renovar y reimpulsar los valores culturales de los pueblos turísticos en función del modelo turístico que los orienta, propiciando una problemática que comprende al patrimonio, a grupos humanos y actividades vinculadas a una red de negocios de sobreexplotación turística, comercial y destructiva del patrimonio del lugar.
El turismo debe abordarse desde una perspectiva antropológica, ya que brinda mejores respuestas a todos los cambios sociales y culturales que el turismo masivo en áreas tradicionales, que si no se llega temprano puede ser destructivo porque conduce a distorsiones culturales y sociales, trastornos y cierta desigualdad.
Stronza (2001), desde el ecoturismo realiza una apreciación antropológica del turismo. Destaca que los estudios del turismo han mostrado un enfoque parcializado, brindando explicaciones a medias acerca de los encuentros “bidireccionales” entre turistas y locales.
Conceptualmente, reconoce que los estudios del turismo pueden ser divididos en dos partes, una orientada a los orígenes del turismo y otra dirigida a analizar los impactos del mismo.
Ambos enfoques, aunque sean considerados de manera conjunta, parecen contar sólo la mitad de la historia; el problema de muchos estudios acerca del turismo es que tienden a enfocarse en el turista y, existen investigaciones dirigidas a los impactos del turismo, analizando precisamente a los locales.
Por tanto, revisar sólo partes de la relación bidireccional entre “anfitriones e invitados”, ha dejado medias explicaciones. A pesar de contar con teorías de los orígenes históricos del turismo, aún se carece de una comprensión de por qué las personas y las comunidades anfitrionas participan en el turismo de maneras particulares.
A falta de análisis, se cuenta con supuestos, y por lo general, se admite que el turismo ha sido impuesto a los habitantes locales, no siendo buscado ni tampoco invitado.
Stronza (2001) sostiene que al examinar los impactos del turismo, el trabajo ha tendido a centrarse más del lado de los locales que en los turistas, y de nuevo, queda un análisis fragmentado. Señala las cosas aprendidas acerca de las formas en que las comunidades anfitrionas tienden a cambiar en las secuelas del turismo; evidenciando que el estudio de los beneficios del turismo se enfoca en los turistas mientras que el conocimiento de los impactos del mismo se centra en los locales.
Hernández-Ramírez (2006) menciona que el turismo, desde la antropología, se interpreta como un hecho total presente en cada nivel y en todos los sectores de la vida social, tales como los sistemas de signos, procesos simbólicos, expectativas, motivaciones, prácticas sociales y los modos de relacionarnos.
Tras un viaje turístico subyacen elementos macro y microsociales en que está involucrada la totalidad de nuestro universo cultural.
La antropología aporta claves para la comprensión de la experiencia de los individuos: sus percepciones, motivaciones, expectativas y prácticas sociales; contribuye a desvelar el papel del fenómeno como una poderosa fuerza contemporánea inductora del contacto entre culturas, que modela un nuevo marco para las relaciones interétnicas y nuevas formas culturales que se intercambian en un mercado global que demanda lo singular, lo extraordinario y lo puro, aspectos que se han convertido en valores escasos en un mundo cada día más homogeneizado (Cohen, 2005).
Alessandro Simonicca (2007) establece que “el estudio de la antropología del turismo opera bajo la distinción de cuatro grandes campos constitutivos: la política económica, la mutación cultural, la etnografía semiótica y la actividad cognoscitiva del encuentro”. Conceptualmente asume que “la antropología del turismo tiene como objeto de análisis fundamental el encuentro que se produce en la relación de aceptación mutua entre el huésped y el anfitrión, dentro de un espacio antrópico y natural específico”.
Un gran problema en la interacción de los grupos anfitriones y visitantes, se observa una relación desigual, en cuyo caso, los habitantes locales deben ser cuidadosos pues en el afán de comercializar experiencias turísticas “auténticas” venden su cultura, historia, costumbres y patrimonio, como principales componentes del producto que ofrecen al turismo a cambio de obtener una remuneración económica, y terminan comercializando experiencias fantásticas y simuladas orientadas a una homogenización de la cultura, provocando una contaminación cultural de la sociedad (Cohen, 2005).
En conclusión queda abordado que la Antropología del Turismo hace más fácil la comprensión del mismo, analizando cuando los turistas se desplazan hacia los lugares de destino y entran en contacto con los habitantes de las localidades visitadas.
En el turismo, la antropología es necesaria para el correcto desarrollo de nuestras comunidades, si se busca que el turismo sea una actividad económica para las poblaciones, se tiene que cuidar la esencia de esa comunidad.
El turismo es un fenómeno sociocultural que sirve a los antropólogos para etnografíar el mundo y la vida humana en su diversidad. El turismo es un contacto intercultural pero también un productor y consumidor de culturas, y una ventana para observar la cultura en proceso de cambio y adaptación en las sociedades.
El turismo es un hecho social producto de la evolución del hombre en todos los planos (económico, político y sociocultural). Por tal motivo, debe ser abordado desde la perspectiva de los roles desempeñados por los actores sociales que en él participan, como son turistas y anfitriones, a través del proceso de encuentro propiciado por el viaje que realizan los primeros a los destinos de visita y que permiten la interacción con los habitantes locales.
Referencias
Garduño, M. G. G., & Cisneros, H. F. (2018). Una aproximación a la experiencia turística desde la Antropología del Turismo: una mirada mutua al encuentro entre turistas y locales. PASOS Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 16(1), 197-211.
Pereiro, X. (2020). Antropología del turismo: ¿para qué? ¿y para quién? Crítica de la razón turística. Disparidades. Revista De Antropología, 75(1), e001b. https://doi.org/10.3989/dra.2020.001b
Palou Rubio, S., & Mancinelli, F. (31 de Diciembre de 2015). CORE. Obtenido de https://core.ac.uk/download/pdf/83005207.pdf
Carballo Fuentes, R., Moreno Gil, S., León González, C., & Ritchie, J.R. 2015 La creación y promoción de experiencias en un destino turístico. Un análisis de la investigación y necesidades de actuación. Cuadernos de Turismo, 35: 71-94.
Lagunas, D. 2007 Antropología y turismo. Claves culturales y disciplinares, Plaza y Valdés, México D.F.
Santana Talavera, A. 1997 Antropología y turismo: ¿Nuevas hordas viejas culturas? Ariel, Barcelona, España. 2009 Antropologia do turismo: analogias, encontros e relações. Serie Turismo. Aleph, São Paulo, Brasil.
Nogués-Pedregal, A.M. 1995 Antropología y turismo rural. Una contingencia necesaria. Gazeta de Antropología. 11(8): 66-70.
Stronza, A. 2001 Anthropology of tourism: forging new ground for ecotourism and other alternatives. Annual Review of Anthropology, 261-283.
Simonicca, A. 2007 Conflicto(s) e interpretación: Problemas de la Antropología del turismo en las sociedades complejas. Antropología y Turismo. Claves Culturales y Disciplinares. México: Plaza y Valdés, 27-46.
Hernández-Ramírez, J. 2006 Producción de singularidades y mercado global. El estudio antropológico del turismo. Boletín Antropológico, 24(66): 21-50.
Cohen, E. 2005 Principales tendencias en el turismo contemporáneo. Política y sociedad, 42(1): 11-24 Costa-Pau, M.
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